Monday, January 30, 2012

"EL FILTRO NOTICIOSO DE LOS CASTRO" por Mary Anastasia O'Grady / Wall Street Journal

The article in English follows below the Spanish version




The Wall Street Journal 

JANUARY 30, 2012, 12:58 P.M. ET

EL FILTRO NOTICIOSO DE LOS CASTRO

Abundan las notas sobre las reformas, pero casi nadie dice nada sobre la muerte de un disidente cubano

Por MARY ANASTASIA O'GRADY

Por ley, las compañías de inversión que ofrecen análisis del mercado están obligadas a revelar posibles conflictos de intereses que podrían influir en sus informes. Imaginemos si los medios de comunicación se vieran obligados a hacer lo mismo con las notas presentadas desde el interior de la dictadura militar de Cuba. Su advertencia aclaratoria podría decir lo siguiente: "Este informe fue preparado bajo coacción psicológica, amenazas de la pérdida de credenciales periodísticas, el encarcelamiento o la expulsión del país, y mientras era espiado durante las 24 horas del día, los siete días de la semana".
El turismo, también conocido como "intercambio cultural", desde Estados Unidos a la isla está en aumento, lo que lleva a algunos observadores a concluir que la dictadura es más amable y gentil que antes. Sin embargo, todos los visitantes, y aquellos con los que mantienen contactos en Cuba, son cuidadosamente vigilados como lo fueron durante los primeros días de la revolución. En el mundo de las noticias, los periodistas no están autorizados a viajar libremente por el país y está prohibido dañar la imagen del gobierno de Castro. Los castigos podrían ser severos.
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Wilman Ozllar Mendoza  - UNPACU
Esta realidad salió a colación la semana pasada cuando nos enteramos de la muerte de otro disidente a manos del régimen. Wilman Villar Mendoza, de 31 años, que fue arrestado en noviembre, había estado en huelga de hambre por al menos 50 días. Su encarcelamiento había sido parte de una ola de represión estatal más amplia que el gobierno había llevado a cabo por más de un año, en medio de un creciente número de manifestaciones públicas, realizadas en particular por los jóvenes.
Sin embargo, aunque los anuncios de Raúl Castro sobre la "reforma" acapararon los titulares de de los diarios y la televisión de todo el mundo, apenas oímos hablar de Villar Mendoza o del movimiento de resistencia al que pertenecía.
Los apologistas del status quo dirían que el movimiento democrático de Cuba no es noticia, porque el número de cubanos que se rebelarían si fueran alentados a hacerlo es insignificante. Pero si Cuba es una isla de conformidad, ¿por qué los hermanos Castro van a tales extremos para hacer de los disidentes como Villar Mendoza un ejemplo y presionar a oficinas locales de noticias a que ignoren la represión? Hay una razón por la que los periodistas que quieren permanecer en el país saben que es mejor encontrar otra cosa de la cual escribir.
El caso de Villar Mendoza era especialmente difícil de difundir porque vivía en la provincia oriental de Santiago de Cuba. Oriente es una de las zonas donde hay más represión, tal vez porque es donde históricamente se han originado los levantamientos en Cuba. Ahora, a pesar del estricto control, vuelve a convertirse en el foco de las protestas antigubernamentales, unidas por la coalición conocida como Alianza Democrática Oriental. Pero dado que allí no hay embajadas y los periodistas no pueden salir de La Habana sin permiso, la magnitud de la rebelión no es reconocida en el exterior.
La historia ha salido a la luz gracias a la labor de los periodistas independientes y los defensores de los derechos humanos de Cuba, que operan con muy pocos recursos y con gran riesgo personal. Cuando pueden pasar por debajo del radar, utilizan teléfonos celulares y en ocasiones computadoras. Ellos informaron que Villar Mendoza fue golpeado y arrestado el 14 de noviembre, por su participación en una marcha pacífica en su ciudad natal de Contramaestre. Diez días después, en un juicio sumario, fue condenado a cuatro años de prisión. Cuando se le negó una apelación, de nuevo sin el debido proceso, el joven inició una huelga de hambre. Sus carceleros en la prisión de Aguadores respondieron desnudándolo, enviándolo a una celda de aislamiento y negándole el agua. Villar Mendoza contrajo neumonía y murió de sepsis.
Dada la historia, esta versión suena plausible y cobra credibilidad tras los intensos esfuerzos del régimen por controlar los daños. Los Castro dicen que Villar Mendoza era un delincuente común. Este es un procedimiento típico: de hecho, el régimen afirma que en las cárceles de Cuba no hay presos políticos, tan sólo criminales.
Vicente Botín, un ex corresponsal en Cuba para la televisión española, describe lo difícil que es informar la verdad desde la isla en su libro "Funerales de Castro", publicado en 2009. Recuerda a los lectores que en 1997 Fidel Castro expulsó a un periodista francés por escribir que las gallinas cubanas no cumplían las cuotas de huevos impuestas por el gobierno. En 2007, el régimen retiró las credenciales a tres corresponsales extranjeros, del periódico Chicago Tribune, la BBC de Londres y el diario mexicano El Universal, por falta de "objetividad". "Los tres periodistas fueron elegidos como chivo expiatorio para advertir a sus colegas de la prensa extranjera de los peligros que corren si su 'objetividad' no coincide con la del gobierno", señala Botín.
A Sebastián Martínez Ferraté no le fue tan bien. En 2008 utilizaba una cámara oculta para documentar la epidemia de la prostitución infantil en Cuba y el programa se emitió en España. Cuando regreso a la isla, en 2010, fue arrestado y condenado a 17 años de prisión. España sólo recientemente negoció su liberación.
Como explica Botín, el régimen tiene su manera de asegurarse de que los periodistas sepan que están siendo vigilados y ninguno se hace ilusiones respecto a la libertad de prensa en Cuba. Sin embargo, es probable que cuando los extranjeros ven las "noticias" sobre la isla, por mera costumbre, depositen su confianza en el mensajero. Tal vez, las organizaciones periodísticas deberían comenzar a colocar la advertencia aclaratoria.
Escribir a O'Grady@wsj.com

The Wall St. Journal / January 29, 2012
CUBA AND THE CASTRO NEWS FILTER                                                                    by Mary Anastasia O'Grady
Stories about 'reform' make headlines while a dissident's death goes unreported.
Investment companies that provide market analysis are required by law to disclose potential conflicts of interest that could bias their reports. Imagine if media outlets were forced to do the same with stories filed from inside Cuba's military dictatorship. Their disclaimers might read like this: "This report was prepared under psychological duress, threat of loss of journalistic credentials, imprisonment or expulsion from the country, and while being spied on 24-7."
Tourism, aka "cultural exchanges," out of the U.S. to the island is on the rise, leading some observers to conclude that the dictatorship is kinder and gentler than it used to be. But all visitors, and those they interact with in Cuba, are as carefully watched as they were in the first days of the revolution. In the news business, reporters are not permitted to travel freely, and it is verboten to damage the image of the Castro government. Penalties can be severe.
This reality came to mind last week when we learned of the death of another dissident at the hands of the regime. Thirty-one-year-old Wilman Villar Mendoza, who was arrested in November, had been on a hunger strike for at least 50 days. His imprisonment was part of a wider wave of state repression that has been under way for more than a year amid a rising number of public protests, particularly by young people.
Yet while Raúl Castro's announcements about "reform" have made headlines and topped television news around the globe, we had hardly heard of Villar Mendoza or the resistance movement he belonged to.
Apologists for the status quo will tell you that Cuba's democracy movement is not news because the number of Cubans who would rebel given the right encouragement is insignificant. But if Cuba is an island of contentment, why do the Castro brothers go to such lengths to make an example of dissidents like Villar Mendoza and pressure local news bureaus to ignore the repression? There is a reason journalists who want to stick around know they'd better find something else to write about.

Villar Mendoza's case was especially hard to learn about because he lived in the eastern province of Santiago de Cuba. The east is one of the most repressed areas of the county, perhaps because it is where, historically, uprisings in Cuba have originated. Now, despite the tight grip, it is again becoming the hotbed of antigovernment protests, united by a coalition known as the Eastern Democratic Alliance. But since there are no embassies there and reporters may not leave Havana without permission, the magnitude of the eastern rebellion is not recognized by the outside world.
The story has gotten out thanks to Cuba's independent journalists and human-rights advocates, operating on a shoestring and at great personal risk. They use cellphones and sometimes computers when they can sneak under the radar. They've reported that on Nov. 14 Villar Mendoza was beaten and arrested for his part in a peaceful protest march in his hometown of Contramaestre. Ten days later, in a summary trial, he was sentenced to four years in prison. When he was refused an appeal, again without due process, he began a hunger strike. His jailers at Aguadores prison responded by stripping him, throwing him in a dank solitary confinement cell, and denying him water. He came down with pneumonia and died of sepsis.
Given the history, the account sounds plausible and gains credibility from the regime's intensive damage-control efforts. The Castros allege that Villar Mendoza was a common criminal. This is standard procedure: In fact the regime claims there are no "political" prisoners in Cuban jails—only criminals.

Former Cuba correspondent for Spanish Television, Vicente Botín, describes how hard it is to report the truth from the island in his 2009 book "Funerales de Castro." He reminds readers that in 1997 Fidel expelled a French journalist for writing that Cuban chickens were not meeting their government egg-laying quotas. In 2007, the regime withdrew the credentials of three foreign correspondents from the Chicago Tribune, the BBC and the Mexican daily El Universal for lack of "objectivity." "The three journalists were scapegoats used to warn their colleagues in the foreign press of the dangers they run if their 'objectivity' does not coincide with that of the government," Mr. Botín notes.
Sebastián Martínez Ferraté didn't fare so well. In 2008 he used a hidden camera to document Cuba's epidemic of childhood prostitution, and the report aired in Spain. When he returned to the island in 2010, he was arrested and sentenced to 17 years in prison. Spain only recently negotiated his release.
As Mr. Botín explains, the regime goes out of its way to make sure that journalists know that they are being watched and no one working in Cuba is under any illusion about a free press. Yet when foreigners watch "news" from the island they are likely, through force of habit, to put their trust in the messenger. Maybe the news organizations should start running that disclaimer.
Write to O'Grady@wsj.com


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